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Portal de Noticias y Radio On Line | Montevideo, Uruguay. | | 09:05:15 AM
 
 
   
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El propósito fundamental que inspiró la fundación de Montevideo era prevenir cualquier ataque de los portugueses establecidos por entonces - 1723 -  en Colonia del Sacramento. Por tal motivo la Corona de España resolvió que San Felipe y Santiago de Montevideo se constituyera en una ciudad fortificada  capaz de resistir los ataques de artillería y, asegurar su dominio sobre el Río de la Plata. El encargado del diseño y construcción de la “ciudad fuerte”, fue el ingeniero militar oriundo de Vizcaya, Domingo Petrarca. Diagramó un primer plano que tras su fallecimiento en 1736, fue modificado por el también ingeniero Diego Cardozo. En 1811, las obras emprendidas por Cardozo, fueron perfeccionadas por el ingeniero José del Pozo. Las obras de construcción de las fortificaciones de Montevideo, sufrieron diversas correcciones en la permanente búsqueda de impedir el acceso del enemigo a la ciudad, por el mar o en acciones desde tierra.En 1715, el Rey de España, Felipe V, nombra a Bruno Mauricio de Zabala, Gobernador y Capitán General del Río de la Plata. Cinco años después Zabala ordena el desalojo de corsarios franceses que tenían como centro de operaciones el paraje de Castillos, actual departamento de Rocha. En 1723 intima la retirada de una fuerza portuguesa ocupante de la bahía de Montevideo. Tales hechos justifican la necesidad de fundar una población que fuera antemural de la capital de la Gobernación del Plata, En febrero de 1724, el ingeniero Domingo Petrarca comienza la construcción de una batería para defensa del paraje. Mil indios tapes contratados a 4 pesos y 8 reales por mes, acompañados por religiosos de la Compañía de Jesús, inician las obras de fortificación y delineado de la futura población.  En octubre de 1725, Zabala informa al monarca español que el ingeniero Petrarca había construido obras de defensa en la península, datando la comunicación en San Felipe de Montevideo.

A comienzos del siglo 18, cuando la corona española planeaba la fundación de una nueva ciudad, cercana a Buenos Aires, su Gobernador Bruno Mauricio de Zabala, realizó un llamado a interesados en afincarse en un inhóspito paraje amenazado por las incursiones de los indios y la Armada de Portugal. Sólo seis matrimonios unidos por lazos de familia manifestaron interés en la propuesta. Las seis familias, provenientes de Buenos Aires, que respondieron al llamado fueron: Artigas, Burgues, Caillos, Carrasco, Gaytán y González de Mello. Zabala prometía a los pioneros un solar emplazado en la misma ciudad, chacra en las cercanías, animales para crianza, alimentación gratuita, enseres y herramientas, exención de impuestos y el título de “fijosdalgo”, que permitía usar el “don” delante del nombre. Las seis familias conformaban un total de 34 personas de las cuales sólo doce eran mayores. El núcleo inicial de pobladores se completaría en noviembre de 1726, con la llegada del navío Nuestra Sra. de la Encina, proveniente de las Islas Canarias, con veinte nuevas familias.
Las edades de los canarios llegados a Montevideo en 1726, merced a la negociación que Felipe V  había efectuado con el Cabildo de Buenos Aires, fluctuaban entre los 7 meses, Francisca García y José A. Pérez y los 56 años, Gracia Francisca. La nómina completa de los 96 nuevos pobladores se puede consultar en el libro de padrón de familias, que se conserva en el Cabildo de Montevideo. El proceso de poblamiento original se completó en abril de 1729. En la fecha arribó la segunda expedición integrada por los barcos San Martín, San Bruno y San Francisco, propiedad de Francisco de Alzáibar. Trajeron a nuestras costas 30 familias canarias, 250 integrantes y un centenar de soldados de guarnición. Alzáibar cumplió un destacado rol en el proceso fundacional de Montevideo, lo que fue reconocido por el Felipe V, quien le otorgó el título de Marqués de San Felipe y Santiago de Montevideo.

La Ciudadela de Montevideo se levantaba donde en la actualidad se sitúa la Plaza Independencia. La piedra fundamental de las obras se colocó en 1742. La construcción culminó en 1782. En las tareas, según algunos historiadores, prestaron tareas centenares de presidiarios y cerca de 5 mil indios tapes. Estos percibían un real por la jornada diaria de trabajo. La imponente fortificación tenía muros construidos en piedra de sillería. La altura era de aproximadamente diez metros y el ancho, de seis. En su cara exterior no mostraban ningún tipo de abertura. En las esquinas se situaban cuatro baluartes: San Felipe, Santa Isabel, San Fernando y Santa Bárbara. El interior se abría para dar cabida a  una gran plaza de armas. En dos pisos se encontraban las distintas dependencias del baluarte,  la comandancia, guardia, enfermería y depósitos. En los sótanos – de gran espacio –   estaban los calabozos, el  almacén de pólvora y el arsenal.

 
 
 
 
 
       
 
 
 
       
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